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Los anales de Lucy


Los anales de nuestros ancestros no tienen historia. La escritura no puede declarar en el juicio de sus vidas antiguas.  No hay testimonios, nadie puede testificar sobre aquellas épocas lejanas. Sólo los forenses del tiempo atan cabos para averiguar cómo fueron sus vidas, sus costumbres, sus grandes y pequeños hechos.

En el lugar del crimen, en el laboratorio forense, en la libreta del paleontólogo, se pasan a limpio los capítulos de biografías que nunca se escribieron. Las pruebas son huesos deshechos, piedras golpeadas, pinturas olvidadas, compañeros de osario... Técnicas antiguas, valiosas pero limitadas, hacen hablar a los viejos restos pero hoy en día son complementadas por técnicas maravillosas como el análisis genético, la inspección radiológica, la geofísica avanzada... Con los nuevos conocimientos se pueden escribir ya muchas páginas del libro de nuestros antepasados. Ahora sabemos tantas cosas que dan para el guión de buenas películas, para el argumento de muchas novelas.

Tenemos la historia de Lucy. Los documentales la pintan aún como una frágil primate: menuda, de largos brazos, con pilosidad abundante, ojos inquietos... Le suponen un pensamiento rápido y nervioso, sin demasiado brillo en sus medio litro de capacidad craneal pero con chispazos de inteligencia. Le dotan de sentimientos netamente humanos: instinto maternal, miedo, curiosidad... Le muestran cuidando sus hijos, desplazando erguida sus escasos 27 kilos de peso. Cuentan una vida ya alejada de los árboles, alzando su cabeza sobre el manto herbáceo de la sabana, pero manteniendo a la vista algún árbol al que subirse en caso de peligro... Relatan la tragedia de su dramática muerte a manos de un depredador y abren el plano sobre sus compañeros supervivientes, sobreponiéndose a las dificultades de la vida, evolucionando para mejorar. La música de los Beatles, la pegadiza Lucy, pone la banda sonora a su vida al presentarse involuntaria por la radio en el momento de su descubrimiento.

Con lo que sabemos de la vida de los neandertales actualmente podría formarse una biblioteca entera. Existen ejemplares novelados como "El clan del oso cavernario" y los cuatro libros más que forman la saga de Aila, la pequeña cromagnon, adoptada por el clan neandertal del Oso de las Cavernas. Se han editado a lo largo de los últimos años múltiples libros científicos que hablan de su cultura y su inteligencia ("El collar del neandertal" y muchos otros...) Conocemos actualmente detalles suficientes como para aderezar cada capítulo con elementos precisos: su probado canibalismo, su cabello pelirrojo, su lateralidad diestra, su habilidad en la talla, su pensamiento simbólico, su instinto protector para con los débiles, su lenguaje, sus hitos técnicos (el dominio del fuego, por ejemplo). En todos estos detalles subyacen cuidados estudios e  ingeniosas investigaciones: desde marcas de decarnación con raederas en los huesos (prueba de preparación para ser comidos) pasando por análisis de ADN mitocondrial con genes del color del pelo o su elaborada técnica de talla de puntas de lanza o hachas e incluso los restos óseos de individuos inválidos que lograron sobrevivir largos años con minusvalías incapacitantes o el ingenioso estudio de su oído (totalmente moderno), órgano cuyo diseño sólo puede explicarse como receptor de un lenguaje que empleaba nuestros mismos fonemas y en el que era especialista.

De los cromagnones tenemos más pruebas aún. Las tenemos todas,  pues somo nosotros.  Nuestra revolucionaria transición al neolítico con la aparición de la agricultura y la ganadería, sus técnicas constructivas, su arte (el adorno corporal, la pintura, la escultura, la música), la creación de poblados y después ciudades, los inventos, los imperios, las conquistas, las guerras, la paz, las culturas... y ¡la escritura!, pero esa es ya otra historia: la historia por definición.

Quedan aún muchos misterios sin resolver, muchos capítulos en blanco pendientes de rellenar con historias fascinantes: ¿Cómo pudo ser la convivencia entre neandertales y cromagnones? ¿Aniquilamos su especie debido a nuestra mejora adaptación social o técnica? ¿Cruzamos nuestro genes?...  Poco a poco la ciencia arroja luz sobre nuestras dudas: Parece que compartimos un 5% de ADN con los neandertales, luego hubo algún cruce (¿forzado o consentido?, no lo sabemos aún). ¿Hasta cuando existieron especies semejantes a la nuestra como "los hombrecillos de Flores", o acaso otras incógnitas como "el hombre de las nieves" (el Yeti)...? En la tradiciones de muchas sociedades humanas hay referencias incontables a seres similares. Está por completar la saga del poblamiento de América, nos quedan algunas dudas sobre "visitantes" del espacio (las leyendas al respecto anteceden a la propia historia de los relatos sobre los Anunakis en Mesopotamia, ya que aparecen numerosas pinturas enigmáticas en muchas partes del mundo)...  El hombre sigue intentando responder a sus dudas existenciales: ¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Descubrimos las respuestas cada vez con más rapidez pero... con cada respuesta surgen multiplicadas incógnitas: somos unos seres incorregiblemente curiosos, quizá ahí resida el secreto de la evolución de nuestra especie.

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