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El álgebra de Boole


Hubo un tiempo, allá en la lejana EGB de ocho cursos, en que los alumnos abrían el libro de matemáticas el primer día de clase y encontraban sorprendidos unos extraños diagramas y largas series de letras mayúsculas adornadas con rayitas, ceros, asteriscos y cruces. Aquellos mensajes secretos extrañamente codificados no se parecían en nada a las matemáticas tradicionales que estudiábamos en los cursos anteriores donde nos habíamos aplicado con intensidad en el dominio de las cuatro reglas y en iniciar los farragosos algoritmos de raíces cuadradas, cúbicas incluso, y otros algoritmos de cálculo donde reinaba indiscutiblemente la numeración arábiga. Nuestros padres ponían cara de circunstancias al comprobar que no entendían nada de aquel galimatías alfabético y desesperaban de no  poder ayudar en los deberes a sus retoños. Nosotros tomábamos apuntes esforzándonos por distinguir los cuadernos de lengua y matemáticas pues ahora todo eran letras, aunque los de matemáticas parecían tener una sintaxis mucho más abigarrada.


Allí nos enfrentábamos a nuevos conceptos como: intersección (and), unión (or), complementario, negación (not), doble negación... todo aquello resultaba muy abstracto para nuestras mentes infantiles e irritante para nuestros progenitores; enseguida surgía la pregunta: - Pero esto, ¿para qué sirve?...

Al cabo de unos años, el Álgebra de Boole, que había entrado triunfante en la escuela se fue replegando poco a poco refugiándose finalmente en unas cuantas especialidades. 

- ¡Menuda tontería y vaya pérdida de tiempo! sentenciaron nuestros padres mientras nosotros respirábamos aliviados de haber podido librarnos de aquella endemoniada lógica moderna. Parecía, pues, que nos habíamos librado de otra "ocurrencia" más de tantas como nos imponen a lo largo de la historia educativa española.

Sin embargo, con el transcurso de los años, aquella lógica booleana reflotaba inevitablemente desde la profundidad del olvido. Su uso acababa haciéndose necesario. Me la encontré poco después, en el bachillerato, en el estudio lógico de los silogismos y la empleamos para refutar los sofismas comunes estudiados en las clases de filosofía; tuve que usarla en la biblioteca para acotar los campos de búsqueda de los ejemplares que necesitaba; hube de emplear sus formulaciones por millares al escribir mis sencillos programas rn BASIC o LOGO; necesité aprender a usar sus operadores al iniciarme en las bases de datos y las hojas de cálculo... y hoy mismo, en el 200 aniversario del nacimiento de su inventor, el todopoderosos y misterioso Google nos hace partícipes de su secreto al revelar que la matemática booleana está en la base de todos sus algorítmos de búsqueda: operadores como OR, AND y NOT son la clave para seleccionara y comparar los caracteres alfanuméricos en sus operaciones de búsqueda y selección.

Así que hoy rendimos homenaje a George Boole, famoso matemático nacido el 2 de noviembre del 1815 en Lincoln, Inglaterra. Sus padres supieron inspirarle el amor a las matemáticas llegando a mostrar facilidad asombrosa para los números y los idiomas. Adelantándose en muchos años a su tiempo creó el álgebra booleana, una especie de álgebra de la lógica que está en la base de los procesos computacionales de los ordenadores. 
Boole diseñó un álgebra especial de tipo binario en el que solo existen 1 y 0 (verdadero o falso). Su teoría simplifica los enunciados usando una aritmética binaria. 
Fue una persona sumamente modesta y profundamente moral, que entregó su vida a la búsqueda de la verdad y que, pese a merecer reconocimiento nunca solicitó ni recibió beneficio alguno por sus descubrimientos. Cuando publicó sus leyes de pensamiento, estas pasaron desapercibidas, y sólo 7 años después su trabajo fue rescatado por Claude Elwood, sin embargo su trabajo no fue nunca  conocido fuera de los círculos de los matemáticos de la lógica. Hubo que esperar a que en 1937, sesenta años después de su muerte, el gran matemático Claude Shannon (citado en el artículo anterior como responsable del modelo del lenguaje que inspiró la investigación sobre el origen del lenguaje de Ignacio M. Mendizábal) demostró como el álgebra de Boole opotimizaba el funcionamiento de los sistemas electromecánicos de relés. A partir de ahí su álgebra se convirtió en el fundamento de construcción y programación de circuitos digitales. 

A ti, niño fascinado con los videojuegos y que reniegas de pretender ser futbolista de mayor para preferir el estatus de  programador...
A ti, permanente usuario de tu smartfone, que quisieran programar una aplicación de móvil...
A ti, programador de software, que introduces lentamente largas líneas de código en tu programa...
A ti, hacker informático, que pasas las noches en vela destripando las abigarradas líneas de programación del programa que pretendes piratear...
En un día como hoy, hace 200 años, nació el primer hombre que formuló el lenguaje de las máquinas. Él nunca lo supo, nunca soñó con poseer vuestros sofisticados equipos. Pero era lógico y  supo inventar el lenguaje con que hablas a tu máquina. Gracias le sean dadas. 

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